¿Qué ocurre en esta enfermedad?
En la AMS, una proteína forma acúmulos en el cerebro y la médula espinal. Estos acúmulos dañan las células que controlan el movimiento, el equilibrio y las funciones involuntarias del cuerpo. Hay dos tipos principales. En la AMS-P destacan síntomas parecidos al párkinson; en la AMS-C, los problemas de equilibrio. Los síntomas suelen empezar después de los 50 años.
¿Qué síntomas pueden aparecer?
Los síntomas varían de una persona a otra; en algunas avanzan despacio y en otras deprisa.
- Mareo y sensación de desmayo al ponerse de pie
- Orinar con frecuencia o no poder orinar
- Problemas de erección en los varones
- Movimientos lentos, torpes o inestables
- Habla poco clara
- Rigidez muscular y temblor
- Problemas de sueño, ronquidos y respiración ruidosa
- Dificultad para tragar y estreñimiento
¿Cómo se diagnostica?
El diagnóstico lo hace un especialista en neurología. No existe una única prueba específica para la AMS. El diagnóstico se hace según los síntomas y la velocidad de avance. Se pueden hacer pruebas para descartar otras causas. Al principio puede parecerse a la enfermedad de Parkinson.
Tratamiento y cuidados
Todavía no hay un tratamiento que detenga el avance de la AMS; la investigación continúa. El tratamiento busca aliviar los síntomas y mantener la independencia. Se pueden usar medicamentos para el mareo y los problemas de sueño. La logopedia ayuda con la deglución y la comunicación. La fisioterapia y la terapia ocupacional facilitan la vida diaria. Los cuidados se planifican junto con el equipo sanitario. El médico que sigue la enfermedad decide qué tratamiento es adecuado.
Para la familia: herencia y asesoramiento genético
La AMS casi nunca es hereditaria. Aparece sin que nadie más en la familia la tenga. No hay pruebas de que se transmita de padres a hijos. Muy raramente se han descrito casos familiares. Algunas diferencias en los genes pueden aumentar el riesgo. Si tiene dudas, puede recibir asesoramiento genético.